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martes, 23 de agosto de 2011

Nunca es tarde…si la disculpa es buena

He de decir que me sorprende. Que ya no la esperaba, pero que me alegra que José Mourinho se haya dignado a escribir la carta que esta tarde publicaba la página Web oficial del Real Madrid (www.realmadrid.com), pidiendo disculpas a la afición madridista por su actitud en el último partido. Sí, el de la vuelta de la Supercopa de España en el Camp Nou. Para mí ya no será más el del Mou-dedo en el Tito-ojo.


Como madridista, me halaga y acepto sus disculpas. Le perdono, porque lo más difícil es reconocer los errores y pedir perdón, sobre todo, públicamente, que es como tiene que ser. Gracias por hacerlo, por hacer que me sienta orgullosa de mi equipo en el campo y de mi entrenador en el césped y fuera de él. Nunca es tarde si la disculpa es buena. ¡Ha valido la pena!

Este gesto sí le hace más honroso, mejor madridista y más grande como profesional y persona. Aunque he de confesar que mi alegría sería completa si también pidiera disculpas a Tito Vilanova y al barcelonismo. Vale, sí, por parte del Barça hubo gestos y palabras de provocación, pero por el Madrid también. Era un partido de mucha tensión, con mucho en juego, y los nervios, a veces, como los sentimientos, son incontrolables. Pero, como se ha dado cuenta, su actitud era injustificable. Nunca se puede llegar a algo tan bajo y vil, y menos dar una imagen tan mala de un Club con mayúsculas, de un Club con tanta historia y tantos seguidores en todo el mundo.

Sé que algún día se dará cuenta de que también debió pedirles perdón a ellos, no exclusivamente al madridismo. Aunque yo las acepto de buen grado y seguirá teniendo mi apoyo como entrenador, motivador y estratega.

A continuación os dejo la carta íntegra de José Mourinho. Cada uno sacará sus propias conclusiones:

“Ante las informaciones aparecidas en diferentes medios de comunicación José Mourinho quiere dejar claro lo siguiente:

Sólo quien no me conoce puede soñar, inventar o creer que pueda marcharme ahora del Real Madrid…Me parece que mucha gente se quedó impresionada con la calidad del fútbol demostrado por el Real Madrid en esta pretemporada, y sería para ellos una sorprendente noticia que yo abandonara el club ahora. ¡Imposible!

Tengo un presidente fantástico, con una gran inteligencia, y al que además me une una gran amistad. Y tengo también un director general que trabaja para el club 24 horas al día, por lo que siento que mi motivación es enorme y mi madridismo mucho más grande que el de algunos pseudomadridistas…


No me marcho. Seguro. ¡Segurísimo!

Y quiero dirigirme al madridismo para disculparme ante él, y sólo ante el madridismo, por mi actitud en el último partido. Algunos están más adaptados que yo a la hipocresía del fútbol, lo hacen con la cara escondida, con la boca tapada y en lo más profundo de los túneles. Yo no aprendo a ser hipócrita. Ni aprendo ni quiero. 

Un abrazo a todos y nos vemos mañana en el Santiago Bernabéu”.


 Y tanto que nos veremos…¡Hala Madrid!

viernes, 19 de agosto de 2011

Madridista, sí, mucho, pero avergonzada

Lamentable. Bochornoso. Vergonzoso. Dantesco. Así fue el espectáculo que dio José Mourinho en los últimos minutos del Barça-Madrid de la vuelta de la Supercopa de España, disputada el miércoles, y de la que sí, ya se ha hablado y visto mucho. La acción del entrenador portugués es incalificable, injustificable…No tiene nombre.

Reconozco que he necesitado un día más para escribir esto, no porque el Madrid perdió a pesar de haber hecho un gran partido de ida y una genial primera parte del de vuelta, sino porque me sentía tan avergonzada que no sabía por dónde empezar. Yo siempre he defendido al técnico blanco, especialmente cuando decía lo que muchos madridistas pensábamos, aunque sus formas, en más de una ocasión, no han sido las correctas. Y siempre que se ha pasado lo he reconocido y manifestado.

Pero he de decir que, tras lo del miércoles, ha perdido parte de mi simpatía hacia él, y lo que me duele más es que, por su culpa y por acciones como ésta, pueda perder parte de la adoración que siento por mi Real Madrid, sólo porque se comportó de manera para la que ni siquiera encuentro calificativo, y menos justificación. Sólo porque, por sus errores, mi equipo está empezando a tener una imagen de barriobajero y de sucio en todo el mundo. Y me pregunto: ¿qué queda del Madrid de las glorias deportivas, del pundonor, del señorío, del caballero del honor, del noble, del que “cuando pierde da la mano”? ¡Es duro! Aún así sigo siendo madridista, porque, como en los matrimonios, juntos en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo. Sobre todo en lo malo. 


Hay algo que se nos enseña desde pequeños, o, al menos, en mi caso fue así: responsabilizarnos de nuestros actos. No tirar la piedra y esconder la mano, en este caso el dedo. Y fue lo que hizo Mourinho al no reconocer en sala de prensa lo que había hecho. ¡El colmo de los colmos! Al menos di que fue un momento de calentura, pero no te hagas el loco. No seas tonto, si hay decenas de cámaras grabando y lo han visto. ¡Qué feo! Ésa no es la imagen del Real Madrid que yo siempre he seguido, apoyado y por el que hasta llorado de alegría, de frustración y de pena…

No, ése no es mi Madrid, y Mou, el del dedo en ojo ajeno, no me representa como madridista. Con esa actitud no, porque no me hace sentir orgullosa al decir que soy seguidora merengue. ¡Cómo duele ver esa imagen de mi Real Madrid recorriendo el mundo! No nos merecemos esto. No podemos permitir esto, porque somos muchos los que nos sentimos defraudados. 

Pero adoro el blanco, el merengue, a Di Stéfano, a Don Santiago Bernabéu, a Raúl, a los ‘zidanes y pavones’ y mi estadio en Chamartín. Y adoro cómo se me pone el vello de punta al oír mi himno con esa increíble voz de Plácido Domingo diciendo aquello de ‘Hala Madrid’. No es justo que por sus idas de cabeza, al madridismo, que es un sentimiento, que duele y que apasiona, lo esté tirando por tierra. Porque él llegará un día en el que se vaya, pero el Madrid seguirá, y no es justo que lo haga con esa imagen tan perjudicada que él habrá dejado. 


Señor Mourinho, sea merecedor de llevar este escudo en el pecho, de que se le relacione con el mejor club del siglo XX, y pida perdón. Es lo que debería hacer: pedir perdón primero a los madridistas y después al Barça. Eso le haría mejor persona, porque como entrenador, estratega y motivador ya es grande.