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viernes, 19 de agosto de 2011

Madridista, sí, mucho, pero avergonzada

Lamentable. Bochornoso. Vergonzoso. Dantesco. Así fue el espectáculo que dio José Mourinho en los últimos minutos del Barça-Madrid de la vuelta de la Supercopa de España, disputada el miércoles, y de la que sí, ya se ha hablado y visto mucho. La acción del entrenador portugués es incalificable, injustificable…No tiene nombre.

Reconozco que he necesitado un día más para escribir esto, no porque el Madrid perdió a pesar de haber hecho un gran partido de ida y una genial primera parte del de vuelta, sino porque me sentía tan avergonzada que no sabía por dónde empezar. Yo siempre he defendido al técnico blanco, especialmente cuando decía lo que muchos madridistas pensábamos, aunque sus formas, en más de una ocasión, no han sido las correctas. Y siempre que se ha pasado lo he reconocido y manifestado.

Pero he de decir que, tras lo del miércoles, ha perdido parte de mi simpatía hacia él, y lo que me duele más es que, por su culpa y por acciones como ésta, pueda perder parte de la adoración que siento por mi Real Madrid, sólo porque se comportó de manera para la que ni siquiera encuentro calificativo, y menos justificación. Sólo porque, por sus errores, mi equipo está empezando a tener una imagen de barriobajero y de sucio en todo el mundo. Y me pregunto: ¿qué queda del Madrid de las glorias deportivas, del pundonor, del señorío, del caballero del honor, del noble, del que “cuando pierde da la mano”? ¡Es duro! Aún así sigo siendo madridista, porque, como en los matrimonios, juntos en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo. Sobre todo en lo malo. 


Hay algo que se nos enseña desde pequeños, o, al menos, en mi caso fue así: responsabilizarnos de nuestros actos. No tirar la piedra y esconder la mano, en este caso el dedo. Y fue lo que hizo Mourinho al no reconocer en sala de prensa lo que había hecho. ¡El colmo de los colmos! Al menos di que fue un momento de calentura, pero no te hagas el loco. No seas tonto, si hay decenas de cámaras grabando y lo han visto. ¡Qué feo! Ésa no es la imagen del Real Madrid que yo siempre he seguido, apoyado y por el que hasta llorado de alegría, de frustración y de pena…

No, ése no es mi Madrid, y Mou, el del dedo en ojo ajeno, no me representa como madridista. Con esa actitud no, porque no me hace sentir orgullosa al decir que soy seguidora merengue. ¡Cómo duele ver esa imagen de mi Real Madrid recorriendo el mundo! No nos merecemos esto. No podemos permitir esto, porque somos muchos los que nos sentimos defraudados. 

Pero adoro el blanco, el merengue, a Di Stéfano, a Don Santiago Bernabéu, a Raúl, a los ‘zidanes y pavones’ y mi estadio en Chamartín. Y adoro cómo se me pone el vello de punta al oír mi himno con esa increíble voz de Plácido Domingo diciendo aquello de ‘Hala Madrid’. No es justo que por sus idas de cabeza, al madridismo, que es un sentimiento, que duele y que apasiona, lo esté tirando por tierra. Porque él llegará un día en el que se vaya, pero el Madrid seguirá, y no es justo que lo haga con esa imagen tan perjudicada que él habrá dejado. 


Señor Mourinho, sea merecedor de llevar este escudo en el pecho, de que se le relacione con el mejor club del siglo XX, y pida perdón. Es lo que debería hacer: pedir perdón primero a los madridistas y después al Barça. Eso le haría mejor persona, porque como entrenador, estratega y motivador ya es grande.

jueves, 28 de julio de 2011

Un anecdótico Real Madrid

En el Olímpico de Berlín, donde en 1936 Jesse Owens ganara sus cuatro oros olímpicos en las denominadas Olimpiadas de Hitler, el Real Madrid se impuso al Hertha de Berlín por 1-3, en su cuarto partido de pretemporada, el primero de su gira europea. Aunque evidentemente no se puede comparar una cosa con la otra: la magnitud de una gesta como la del atleta afroamericano con la victoria del Madrid ayer, por muy soberbio que estuviera Benzema, el hombre de la noche. El dato es puramente anecdótico.


El Hertha comenzó muy bien, poniendo en apuros al Madrid, y cerrados atrás, esperando las contras. De hecho fueron los protagonistas de las aproximaciones más claras al área rival, y, de hecho, comenzaron marcando. Era la primera vez en la pretemporada, en los cuatro partidos disputados, que los blancos comenzaban un partido por debajo en el marcador, y les tocaba remontar y así lo hicieron. Porque también saben hacerlo. Eso sí, el gol teutón pilló a la defensa descolocada, a contrapié, así que Mourinho ya sabe qué deberes marcar a los suyos en los entrenamientos.

Posteriormente, el árbitro se comió con papas un penalti sobre Callejón, pero al final no importó, porque a medida que pasaban los minutos, los alemanes estaba más cansados, y los blancos seguían a lo suyo, a buscar el gol, especialmente Benzema. Seguían buscando el espacio, sólo era cuestión de abrir la lata, y quién mejor para hacerlo que Cristiano Ronaldo, el que nunca perdona. Todo un golazo de falta por toda la escuadra, que hizo silenciar los pitidos de los aficionados germanos. Si cuanto más le pitan más se enchufa. Así que en Alemania también pitan al crack portugués pero él sigue respondiendo con goles.


Y cuatro minutos después llegó la recompensa para el más currante ayer en la escuadra merengue, para Karim Benzema. Un golazo, que vino tras un gran pase de Callejón al hueco –¡qué gran pretemporada está haciendo el canterano!- y el francés remata de primeras: un derechazo cruzado que parece anunciar que, por fin, éste puede ser el año de Karim, aunque mejor no decirlo muy alto para no gafarlo. Lo que sí podemos decir alto y claro es que la delantera madridista funciona, y eso que falta Higuaín.


Y tras la reanudación, llegó el tercero de los pupilos de Mourinho y el segundo en la cuenta personal de Benzema, tras una jugada en la que Khedira se la pone a huevo para que el de Lyon recorte magistralmente y defina como él sabe. Sin duda, éste fue el partido de Benzema: enchufadísimo, bien colocado, ágil, creativo, matador…y ¡rematador! 


Y para terminar, otra anécdota que dejó el partido. Los jugadores del Real Madrid no llevaban publicidad en la camiseta porque en Alemania está prohibida la que hace referencia a las apuestas. Al verles, daba la sensación de haber vuelto al Madrid de principios de los 60, porque esta camiseta es como la que lucían los grandes Di Stéfano, Puskas y Gento, cuando no se llevaba ninguna marca en la elástica. Parecía una de las antiguas, las que ves cuando recorres las salas del Museo del Bernabéu, pero la diferencia es que quienes la visten ahora son Cristiano y compañía.