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jueves, 28 de julio de 2011

Un anecdótico Real Madrid

En el Olímpico de Berlín, donde en 1936 Jesse Owens ganara sus cuatro oros olímpicos en las denominadas Olimpiadas de Hitler, el Real Madrid se impuso al Hertha de Berlín por 1-3, en su cuarto partido de pretemporada, el primero de su gira europea. Aunque evidentemente no se puede comparar una cosa con la otra: la magnitud de una gesta como la del atleta afroamericano con la victoria del Madrid ayer, por muy soberbio que estuviera Benzema, el hombre de la noche. El dato es puramente anecdótico.


El Hertha comenzó muy bien, poniendo en apuros al Madrid, y cerrados atrás, esperando las contras. De hecho fueron los protagonistas de las aproximaciones más claras al área rival, y, de hecho, comenzaron marcando. Era la primera vez en la pretemporada, en los cuatro partidos disputados, que los blancos comenzaban un partido por debajo en el marcador, y les tocaba remontar y así lo hicieron. Porque también saben hacerlo. Eso sí, el gol teutón pilló a la defensa descolocada, a contrapié, así que Mourinho ya sabe qué deberes marcar a los suyos en los entrenamientos.

Posteriormente, el árbitro se comió con papas un penalti sobre Callejón, pero al final no importó, porque a medida que pasaban los minutos, los alemanes estaba más cansados, y los blancos seguían a lo suyo, a buscar el gol, especialmente Benzema. Seguían buscando el espacio, sólo era cuestión de abrir la lata, y quién mejor para hacerlo que Cristiano Ronaldo, el que nunca perdona. Todo un golazo de falta por toda la escuadra, que hizo silenciar los pitidos de los aficionados germanos. Si cuanto más le pitan más se enchufa. Así que en Alemania también pitan al crack portugués pero él sigue respondiendo con goles.


Y cuatro minutos después llegó la recompensa para el más currante ayer en la escuadra merengue, para Karim Benzema. Un golazo, que vino tras un gran pase de Callejón al hueco –¡qué gran pretemporada está haciendo el canterano!- y el francés remata de primeras: un derechazo cruzado que parece anunciar que, por fin, éste puede ser el año de Karim, aunque mejor no decirlo muy alto para no gafarlo. Lo que sí podemos decir alto y claro es que la delantera madridista funciona, y eso que falta Higuaín.


Y tras la reanudación, llegó el tercero de los pupilos de Mourinho y el segundo en la cuenta personal de Benzema, tras una jugada en la que Khedira se la pone a huevo para que el de Lyon recorte magistralmente y defina como él sabe. Sin duda, éste fue el partido de Benzema: enchufadísimo, bien colocado, ágil, creativo, matador…y ¡rematador! 


Y para terminar, otra anécdota que dejó el partido. Los jugadores del Real Madrid no llevaban publicidad en la camiseta porque en Alemania está prohibida la que hace referencia a las apuestas. Al verles, daba la sensación de haber vuelto al Madrid de principios de los 60, porque esta camiseta es como la que lucían los grandes Di Stéfano, Puskas y Gento, cuando no se llevaba ninguna marca en la elástica. Parecía una de las antiguas, las que ves cuando recorres las salas del Museo del Bernabéu, pero la diferencia es que quienes la visten ahora son Cristiano y compañía.

martes, 1 de marzo de 2011

Un ídolo en Berlín, un negro en Estados Unidos

¿Qué tienen en común un premio, una calle y un museo? Jesse Owens. Todos están dedicados al atleta negro de las cuatro medallas de oro en las Olimpiadas de Hitler. Sí, aquel que fue ovacionado por las 110.000 personas que presenciaron sus récords en el Estadio Olímpico de Berlín. Y aquel que al llegar a su país, Estados Unidos, no fue recibido como un gran atleta, sino como un negro más.

Jesse Owens, que nació el 12 de septiembre de 1913, trabajaba recolectando algodón hasta que su familia se trasladó a Ohio. Como sus compañeros de colegio no querían jugar con él, este nieto de esclavo se dedicaba a dar vueltas al campo de béisbol. Fue su profesor de gimnasia, Charles Ripley, el primero que, al verle correr, predijo que sería el mejor atleta del mundo.

Owens, grande en menos de una hora

Con 15 años comienza su carrera en el atletismo. Pero será en 1935 cuando consiga su primera gran proeza: hacerse con cuatro récords mundiales en sólo 45 minutos. Fue durante una competición en Michigan, lo logró con dolor de espalda y descansando de 9 a 15 minutos entre récord y récord: 100 metros lisos en 9,4 segundos; salto en 8,13; 220 yardas en 20,3; y 220 yardas vallas en 22,6.

Ésta no iba a ser su única hazaña, aunque gracias a ella Owens ganaba el sobrenombre de ‘El antílope de ébano’, y entraba en el equipo estadounidense de atletismo para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

Un ídolo en Berlín

El equipo de atletismo de EEUU estaba compuesto por 66 atletas, 10 de ellos negros. El Comité Olímpico retiró a Glickman y Stoller, dos judíos, y puso a Owens y otro afroamericano para no ofender a los nazis. Finalmente ganaron 11 medallas, 6 de ellas conseguidas por atletas negros.

Pero estos Juegos se recordarán por Jesse Owens, ya que fue el primer estadounidense en ganar cuatro medallas de oro en las mismas Olimpiadas, batiendo, además, cuatro récords mundiales: 100 y 200 metros lisos, carrera de relevos de 4x100 y salto. Una proeza que sólo fue capaz de repetir Carl Lewis en 1984.


Desde la primera prueba que disputó Owens, el pueblo alemán se volcó con él. Las 110.000 personas presentes en el Estadio Olímpico le aclamaban, inclusive en la prueba de salto, pese a que se disputaba el oro con el alemán Lutz Long. Después de la victoria Owens dijo que había ganado gracias a los consejos de su competidor nazi.

Las dos versiones sobre Hitler

La primera dice que Hitler, como pretendía demostrar la superioridad aria, festejaba sólo los logros de los atletas blancos, pero el Comité Olímpico Internacional (COI) le aconsejó que aplaudiera a todos o a nadie, y él dejó de hacerlo y abandonó el estadio por no estrechar la mano de Owens tras la entrega de su cuarta medalla de oro.

Y la segunda versión, según KC Duncan, secretario general de la Asociación Olímpica Británica, Henry Baillet-Latour, del COI, solicitó a Hitler que no saludara a los vencedores. Esto ocurrió antes de que Jesse Owens se llevara el oro en salto, y, a partir de ahí, no hubo más saludos.

Y el tetracampeón olímpico también tenía su versión: “Cuando pasé frente al palco de Hitler, se levantó y me saludó con la mano y yo le devolví el gesto. Los reporteros fueron los que tuvieron el mal gusto de criticar al hombre del momento en Alemania”.

Un negro más en Estados Unidos

Durante su estancia en Alemania, a Owens se le permitió viajar y hospedarse en los mismos hoteles que los blancos, algo que en Estados Unidos no estaba permitido. Y no volvió como un héroe nacional: no pudo viajar en la parte delantera del autobús; tenía que comer en restaurantes para negros, utilizar las puertas de servicio para acceder a los hoteles, e ingeniárselas para seguir sacando adelante a su familia, trabajando como botones y siendo corredor por alquiler -contra caballos y motocicletas-.

Y si Hitler no le estrechó la mano, el presidente Roosevelt ni siquiera le invitó a la Casa Blanca, porque no quería perder votos. “Recibí una felicitación del Gobierno alemán, pero fue Roosevelt quien me trató con brusquedad. En la Alemania de Hitler fui tratado con más respeto que en mi propio país”, confesó Owens en su autobiografía (‘The Jesse Owens Story’, de 1970).

Tuvieron que pasar los años

Pero como finalmente el tiempo pone a cada uno en su lugar, en 1956 Owens fue representante de Eisenhower en los JJOO de Australia. Gerald Ford le concedió en 1976 la Medalla de la Libertad, y en 1979 Carter le entregó el Premio Leyenda Viviente.

En 1981, la USTAF, máximo organismo del atletismo en EEUU, comenzó a otorgar el ‘Premio Jesse Owens’ al atleta estadounidense con mejor desempeño en una temporada. Además, en el mundo se conocen dos calles que llevan su nombre, una en Costa de Marfil, y la otra, desde 1984, en Berlín, que es una de las vías que conduce al Estadio Olímpico. Y en 1996 se inaugura en Alabama el ‘Jesse Owens Memorial’, un parque que incluye un museo en el que están sus medallas y tiene un mini-teatro donde se representa su proeza en las Olimpiadas de Berlín…

Ésa que sólo fue reconocida en la Alemania nazi, pero no en el país que le vio nacer.